Mitos y leyendas – Los dioses olímpicos

Si estás leyendo esto puede ser por varios motivos. Puede ser que hayas entrado en la web y hayas picado sobre el primer artículo que has visto solo para echar el rato. Puede ser que de verdad te haya llamado la atención el título y sientas curiosidad por lo que vas a leer. Puede ser que estas primeras líneas te hayan hecho gracia y aquí sigues, pero por propia voluntad.

En cualquier caso, ya he captado tú atención, y en consecuencia me invitaré a resumirte en qué consisten estos artículos: lo que vas a ver son una serie de leyendas y mitos, tanto antiguos como algo más contemporáneos, que a mi parecer tienen una historia atrayente.

Y lejos de mitos tales como La MH en ICOM, empezamos con uno del que quizá hayas oído hablar: los dioses olímpicos.


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En efecto, nuestro primer objetivo es la mitología griega. Dice el mito que el monte Olimpo o, simplemente, el Olimpo, era la morada de los dioses más relevantes de la antigua Grecia. En él residían las deidades más importantes del panteón, que los griegos creían que vivían en lujosas mansiones de cristal construidas en su pico por los cíclopes. Comían ambrosía y bebían el néctar de los dioses mientras las musas los entretenían.

Se creía, además, que desde las nubes contemplaban el mundo y, en ocasiones, abandonaban el monte para bajar a tierra y ayudar o castigar a los humanos. Eso sí, dado que todo humano que osara mirar a un dios sufriría fatales secuelas, casi nunca se manifestaban de forma material.

El listado de esas divinidades, conocidas como el Concilio de los Dioses o los Dioses olímpicos, ha variado a lo largo de la historia, dejando tras de sí una serie de nombres que no se sabe con seguridad si pertenecían o no a esta lista. Dependiendo de la tradición, nos podemos encontrar con un número u otro de dioses, pero en ninguna de ellas es menor que doce.

Todas ellas siempre incluían como olímpicos a Zeus, dios del cielo; Hera, diosa del matrimonio; Hermes, dios de los ladrones; Artemisa, diosa de la caza; Apolo, dios de la música; Afrodita, diosa del amor; Poseidón, dios de los mares; Atenea, diosa de la sabiduría; Hefesto, dios del fuego y Ares, dios de la guerra. Los otros dos variaban, teniendo como ejemplos a Deméter, Hestia, Perséfone, Dionisio o Hades.

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Como bien habrás deducido, aquel lugar sagrado era gobernado por Zeus, que era también el dios de los dioses y, en consecuencia, la deidad más venerada por los griegos. Se dice que fue este mismo dios quien dividió el mundo en tres partes: el cielo, el mar y el inframundo. La primera parte se la quedó él, mientras que las otras dos se las cedió a sus dos hermanos Poseidón y Hades, respectivamente. Como dato curioso, las primeras ediciones de los juegos olímpicos se celebraron en honor a él.

Para que los griegos pudieran comunicarse con los dioses del Concilio, debían acudir al que creían que era el centro del mundo: el Oráculo de Delfos. Allí, a cambio de un sacrificio, los dioses emitían una profecía que era escuchada por una sacerdotisa a puerta cerrada, y luego transmitida al público por los sacerdotes.

Como última curiosidad, el monte Olimpo existe en realidad. Es el pico más alto de toda Grecia y, de hecho, su propio nombre quiere decir lo más alto entre lo alto. Probablemente su significado místico pretendía ser una metáfora dirigida a las entidades protectoras del mundo terrenal.


Todos estos dioses llevan tras de sí un reguero de historias, de combates, de traiciones… Algo curioso, ya que normalmente las divinidades se suelen representar como entes de moralidad perfecta.

Quizá las religiones más importantes en la actualidad hayan adoptado estas historias a su manera. Por poner un ejemplo, los doce olímpicos podrían ser los doce apóstoles de la religión cristiana, o el Olimpo podría representar el Paraíso.

¿Qué opinas tú? Te dejo que especules con tranquilidad, nos vemos en la próxima historia dentro del mundo de los mitos y, de paso, te deseo un feliz Año Nuevo.

Yukun

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