El principio del misterio

Desde hace ya un tiempo dos colaboradores estamos escribiendo una historia de forma conjunta, ninguno tenemos muy claro como sigue nunca la historia ya que nos basamos en un método de libreta compartida, uno escribe y le pasa la libreta al otro y en base a lo escrito se sigue.

Ahora que ya sabéis la locura que tenemos aquí montada queremos dejaros la primera página de nuestra historia y dejaron un poco con el “hype” del resto. Poquito a poco os iremos dando entregas para que sigáis nuestra historia hasta que la terminemos y la saquemos entera.
Disfrutadla!


Escuchó el timbre mientras preparaba la cena, no esperaba ningún invitado y tampoco tenía comida de sobra, había comprado lo justo para ella. En su sorpresa se dirigió hacia la puerta principal de su casa, donde al observar a través de la mirilla no consiguió vislumbrar a nadie así que decidió abrir la puerta. Miró a lado y lado pero no había ni un alma en su rellano. Cuando ya iba a cerrar miró al suelo y descubrió que allí se hallaba una caja de cartón solitaria, cerrada con la típica cinta marrón y una etiqueta blanca con su nombre. Recogió la caja del suelo y mientras la examinaba un leve olor a quemado empezó a llegar a su delicada nariz. Su cuerpo entero se sobresaltó recordando que tenía la cena en el fuego, soltó la misteriosa caja en la mesilla de la entrada y salió corriendo hacia la cocina. Para su suerte solo se había tostado un poco más de lo habitual pero no llegaba a estar chamuscado, aún era comestible; no se había quedado sin cena.

Nidelva, Nidel, tenía un aspecto muy dulce, casi de muñeca de porcelana: tez blanca como la nieve, ojos grises y pelo rubio oscuro, delgada, alta y siempre impecablemente vestida. Incluso cuando estaba dentro de casa en pijama parecía que fuese a posar para una sesión de fotos, nunca se le escapaba un solo detalle.
Dispuso su cena en un plato, un manjar un tanto ennegrecido por un pequeño desliz, se dirigió con él al salón, con movimientos perfectos, pero suaves y elegantes.

Se sentó en la mesa mirando la entrada. De hecho, sus iris del color de la ceniza no podían dejar de observar aquella extraña caja que había recibido apenas instantes antes. Y es que sí, el paquete era extraño, y cualquiera que hubiera estado allí con Nidel hubiera dicho lo mismo. Hubiera sentido, además, que irradiaba un aura extravagante, que aquel aire que respiraba no solo olía a la cena quemada de Nidelva, ni al embriagador perfume que desprendía la dama de noche en aquel balcón en un segundo piso de Barcelona. Hubiera percibido que aquel aire también olía a peligro.

Sin embargo, no había nadie más allí. Ella estaba sola, frente a un aparente pero inquietante misterio, y la decisión de qué hacer con él era solo suya.

Apretó los puños, hasta tal punto que casi se hizo daño. Iba a abrir la caja. Porque quizá todo lo que en aquel momento rondaba por su cabeza eran imaginaciones suyas, o quizá algún bromista era quien había dejado allí el paquete.

Así que se levantó y se acercó con decisión a él. Se agachó, puso sus delicadas manos de muñeca encima y…
Un grito desgarrador sonó en el piso inferior.

By: Skopje

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